¿Lenguaje inclusivo?

En los últimos meses, los argentinos nos vemos frecuentemente inmersos en enfrentamientos de índole ideológica, política y legal: se siente en las discusiones familiares, en los enojos entre amigos y colegas en las redes sociales, muchos de nosotros tenemos conocidos que lo llevan a la calle cuando se suman a las manifestaciones urbanas y los medios de comunicación no dejan de emitir noticias sobre este tema. En medio de este torbellino de circunstancias y divisiones, cuyo precio es la pérdida de la armoniosa convivencia, reapareció un tema en sintonía con las polémicas imperantes (interrupción voluntaria del embarazo e igualdad de género). Como parte de una lucha por la legitimación de derechos, apelando a los valores de la inclusión y la igualdad, y en una lucha por la rectificación de siglos de injusticia, abuso y postergación hacia los seres humanos que se consideran diferentes, se subió al escenario el debate por la gramática castellana, concretamente: la morfología de ciertas clases de palabras que sufren flexión de género.

Teniendo en cuenta que los siglos XX y XXI propusieron una historia poblada de cambios a una velocidad vertiginosa, algo que se resiste a la transformación es el idioma. Y si bien hoy la palabra “cambio” nos lleva a un campo de significados que se acerca a “renovación, evolución, progreso e innovación”, todo planteo que se diferencie aparece calificado, por oposición, como “retrógrado, anticuado, desactualizado rígido”, con lo que todos aquellos que no se sientan representados por una o por otra postura, quedan aislados y se convierten en “el enemigo” público, sometiendo a las comunidades nacionales a una prueba imposible. ¿Por qué? Sencillamente debido a que naciones enteras, que necesitaron siglos de tiempo para identificarse con este recurso (aún de forma imperfecta y con grandes dificultades) están integradas por individuos que durante los primeros años y décadas de vida aprendieron a expresarse con un sistema de signos que recibieron de sus seres queridos desde la cuna.

Como parte de esta reflexión, sin la intención de agotar el tema ni llegar a respuestas definitivas, voy a encaminarme hacia el papel que cumple nuestro amado idioma español, el cual posee su propia historia e identidad, y que hoy se encuentra en tela de juicio. Como sistema comunicacional cuya función pasa por permitir el intercambio verbal entre los seres humanos a lo largo de los siglos, involucrando países y continentes, una lengua no solo es el medio que abre la posibilidad de transmitir saberes, costumbres e ideologías, sino que también propicia las discusiones, las negociaciones y los acuerdos que son la génesis de los avances históricos fundamentales.

¿Qué nos dice la RAE sobre este tema? La postura tomada por el organismo que oficialmente estudia el asunto afirma que es necesario reconocer la diferencia entre léxico (las palabras que se usan para designar conceptos o entidades) y la gramática (cómo funciona el sistema de la lengua, que no lo decide nadie ni se puede modificar por decreto ni por imposición de ningún grupo de hablantes). En otras palabras, someter el código a cambios estructurales, no solo no permitiría aclarar ideas (semántica), sino que hundiría a los hablantes en un caos de incomprensión.

Si miramos hacia atrás, el paso de las civilizaciones por el mundo nos vamos a encontrar con varios ejemplos de la drástica imposición de cambios idiomáticos, que vinieron de la mano de otras imposiciones y de la violencia. Así pasó en épocas de conquistas para la formación de imperios o colonias. Claro debe estar que no fue así como se lograron los consensos, y que en la era de la inmediatez y la ansiedad, solo existen dos formas de extenderse una modificación idiomática, por la cantidad de involucrados (la comunidad hispanohablante en su totalidad): rápida y por imposición, o gradual y por uso de la mayoría. El tiempo tendrá la respuesta.

Nuestra evolución nos hizo un gran regalo: el pasaje del “blanco o negro” a los diferentes tonos de grises, necesitamos comprender que algunas constantes que hicieron posible esto son el respeto y la capacidad de apreciar aquello que es un factor de unión y comunicación entre los individuos, como la lengua.

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Clarín

Gabriela Gutierrez

Edulenguajes

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